Llegando a Bolonia…

Hacía años que lo venía soñando y esta vez tuve la enorme felicidad de ir a la Feria del Libro de Bolonia. Es un espectáculo de fuegos artificiales. Son tantos los estímulos que hay que pedirle al cuerpo que aguante y que tenga paciencia para procesar. Me encontré con personas que no había pensado que iba a ver y me desencontré con otras tantas porque no llegamos. Me hicieron entrevistas interesantes. Presenté mis libros en italiano. Tuve que suspender la charla con Francesca y sus alumnos de la Universidad de Bolonia, porque es así, no te alcanza el tiempo, ni el cuerpo ni el corazón. Escuché hablar y leer en todas las lenguas del mundo. Brindé. Comí rico. Abracé. Recibí abrazos. Miré. Miré. Miré. No alcanza. En Bolonia nada alcanza. Tengo que volver.